Cosas que he aprendido de la tesis que no tienen que ver (creo) con mi tema de tesis.

Me han invitado a escribir aquí sobre mi tesis doctoral, recién defendida, la culminación de un camino largo lleno de incertezas (palabra borgiana), asombros y perplejidades. El título, “La construcción del enigma en la arquitectura”. Un viaje intentando rodear el carácter enigmático de la arquitectura, lo que se escapa, lo que la hace inagotable. Como está todo demasiado reciente, he decidido que voy a apuntar aquí algunas cosas que he aprendido del camino, que quizás no sirvan para enteraros de qué va mi tesis, pero que al menos a mí me han servido para aprender (alguna un poco tarde, probablemente).

Imagen: Meteorito Willamette. Fotografía de 1920 en el Museo de Historia Natural de Nueva York. Dos arquitectos acomodándose a la tesis.

Ofrenda

  • La tesis es una ofrenda. Por lo tanto no debes mirar hacia ti cuando la estás haciendo, sino hacia los demás.
  • Mi tesis no es mía (ni la de nadie es de nadie). Es de mi director, de mi familia, de mis profesores, de mis compañeros, de mis amigos y de mis alumnos, de muchos poetas, escritores, filósofos, músicos, artistas y arquitectos de los que aprendo. Y de todos los que con su trabajo, el que sea, y con su vida intentan des-ocultar al ser humano. La tesis es una ofrenda alimentada de otras ofrendas, mucho mayores.
  • La tesis es una batalla contra ti mismo, y por eso es difícil. Pero también por eso es fácil: depende de ti. La tesis, además, se puede disfrutar. Yo la he disfrutado (y sufrido, pero como cuando juegas un partido de fútbol o, según tu edad, de pádel, y acabas reventado después de haberte quejado por todo. Pero en el fondo…)

Asombro y ¿Derrota?

  • La tesis es la enunciación de un asombro. Cuando la haces te das cuenta de todo lo que no sabes. El título de doctor es un título a “la conciencia de lo que no se sabe”. En realidad eso, como decía Steiner, dignifica la ciencia: la certeza de que nunca lo vamos a saber todo y, a pesar de todo, seguir intentándolo. El primer paso para aprender algo es no saberlo, y luego, como diría Luis Martínez Santa-María, saber que no lo sabes. Yo nunca he sentido que era el que mas sabía de mi tema de tesis (aunque es la típica frase que se usa para tranquilizar al que se enfrenta a un tribunal). Pero sí he sentido que era el que más sabía lo que no sabía.
  • Italo Calvino escribió en “Porqué leer los clásicos” que las obras de arte generan una inmensa cantidad de polvillo a su alrededor, que se sacuden una y otra vez. Las tesis forman parte de ese polvillo que, en realidad, lo que hace es demostrar una y otra vez la grandeza de la Arquitectura. Bendito polvillo.
  • La realización de la tesis es, de alguna manera, la aceptación de una derrota. Hay una gran victoria en ello. Porque la vida se encarga de recordarte que es imposible agotar cualquier tema que hable de lo humano, incluso aunque lo acotes mucho (típica, y cierta, recomendación a los candidatos). Finalmente decides que es una reducción de la realidad. Ese momento es un alivio: vamos a hacer una reducción que sirva para empezar a pensar. O como diría, mucho mejor, Christian Bobin: “Ilumina lo que amas sin tocar su sombra”.

Ficciones

  • Una reducción es también una ficción. Que no se nos olvide. Cualquier relación (entre el árbol que tengo delante y, por ejemplo, el pelo de mi vecina) era una ficción hasta que alguien (en este caso yo) la enuncia. Hasta que hace visible el hilo que une las cosas. Ahora esa relación existe. Las tesis, como la arquitectura, tratan de tender hilos que, como diría Luis Moreno Mansilla (en su tesis, precisamente), hacen visible el aire que respiramos.
  • Una tesis es, entre muchas otras cosas, un ejercicio de imaginación (aunque sea para saber dónde y qué buscar). La imaginación, la intuición, la visión subjetiva… forman un papel central en cualquier trabajo objetivo. Reconocen que lo que se nos presenta son restos, fragmentos de algo mayor que intentamos descubrir. Esa tensión entre lo que no está y está abre un espacio (somos arquitectos) en el que habitar, una página en blanco, una tesis que escribir.

Matemáticas

  • La tesis es un índice que se desarrolla de modo fractal. Es dinámico y, como los proyectos, tienes que escucharlo, porque te va conduciendo. La tesis es la estructura de la tesis. La tesis es también la forma de la tesis. La tesis es un dictado misterioso.
  • Hasta que no está escrito, no existe. El pensamiento se forma con las palabras (y con los dibujos). Y las palabras exigen un cierto mimo: incluso los artículos más académicos deben mimarlas. Siempre corresponden (dibujos y palabras).
  • La tesis es la construcción racional de la ventana por la que mirar el paisaje de lo que se nos escapa.

La tesis hacia afuera

  • Me he saltado el “hacia dentro”, por evidente. La tesis es la construcción de un silencio.
  • Contar la tesis es un poco como ir al psicólogo o a confesarse. Incómodo pero necesario y, en el fondo, un alivio. Incluso aunque no lo hagas muy bien. Jurys, tribunales, conversaciones, bofetadas, batacazos, apagones, éxitos, comprensiones e incomprensiones… La tesis tiene un “hacia afuera”, exige un cierto roce. Muchas veces necesitamos del soplo de la brisa del mar para levantar los ojos y mirar al horizonte (o de la cara de incomprensión de tu amigo, o la de admiración de, ojalá, tu novia).
  • La tesis exige tiempo. No solo para escribirla: también para madurarla. Un tiempo en el que ves el mundo a través de un futuro que es tu tesis: como cuando estás enamorado, reconoces tu tema en cada cosa. Y esa manera de mirar va cristalizando, a veces sin darte cuenta. Hay que tener confianza y paciencia.

Ofrenda (II)

  • Hacer una ofrenda es un acto de amor. Lo mejor es que los arquitectos lo hacemos constantemente: actos de amor que buscan resolver el encuentro de las personas con el mundo, con los demás y con ellas mismos. La tesis debería buscar exactamente lo mismo.

¿Y del contenido de tu tesis?

Estoy en ello. En descifrarlo, reescribirlo o digerirlo (o hacerlo digerible). Quizás lo cuente en otro post. Pero sacaré ahora mi lado político, así que me gustaría preguntarte qué te parece todo esto. Puede que hayas hecho la tesis y que no estés de acuerdo (totalmente comprensible: las tesis, como los matrimonios, no son comparables). O que estés haciéndola o pensando hacerla. En ese caso puedes preguntarme lo que sea. Al final, ya sabes, las tesis sirven para eso: para unir personas.

Para acabar te propongo un ejercicio que me ha hecho pensar. Relee el post cambiando la palabra “tesis, por la palabra “vida”. ¿Qué te parece ahora?

 

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Pablo Ramos Alderete. Arquitecto por la ETSAM con Matrícula de Honor en 2011 y Premio Alejandro de la Sota al mejor PFC. Máster en Proyectos Arquitectónicos Avanzados en la ETSAM (2011-2012). Ha impartido clases de Proyectos y de Máster en la ETSAM (2012-2016). Desde 2013 es profesor de Proyectos Arquitectónicos en la Universidad Francisco de Vitoria. Miembro del grupo de investigación "Cultura del Hábitat" y doctorando por la ETSAM. Ha participado como profesor en diferentes workshops internacionales y ha impartido conferencias en diversas universidades europeas. Actualmente compagina su labor investigadora y docente con la práctica profesional de la arquitectura, que le ha llevado a obtener premios en concursos nacionales e internacionales.

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