LA REALIDAD DEL ARQUITECTO RECIÉN LICENCIADO.

No es la primera vez que desde Stepienybarno nos adentramos en ese complicado punto de inflexión que se produce cuando el alumno de arquitectura termina la carrera y prepara su desembarco en el día a día de la profesión.

Pero hoy, si os animáis, en esta primera colaboración para el blog de Escuela de Arquitectura, vamos a dar un pasito más y veremos qué puede hacer cuando ya está en la calle y tiene que entrar en la jauría laboral que se produce a la hora de conseguir un encargo de arquitectura.

Tantos años estudiando, tanto dinero invertido por sus familias y, supuestamente, tener un título de cierto prestigio, debería dar cierta seguridad laboral o, por lo menos, algún tipo de expectativa.

La realidad creemos que es bien distinta pues a día de hoy, seguramente, estamos hablando de una de las carreras con menos salidas laborales que existe, por lo menos en territorio nacional.

Estés comenzando o no, conseguir hoy un encargo de un proyecto de arquitectura, no es tarea fácil. Como dice un amigo nuestro, quizás “sean tiempos de conformarse, simplemente, con flotar”. Aunque la ilusión es lo último que hay que perder, conviene ser conscientes de cómo está el patio, para no aspirar a logros que, realmente, son imposibles.

La realidad que nos han vendido en las escuelas está bastante alejada de la misma. La enseñanza en la mayoría de las ocasiones no ha cambiado desde hace 20 años, y ni la crisis ni las nuevas formas de habitar están muy presentes en los planes de estudio de nuestras universidades de arquitectura. Los programas de las asignaturas siguen retomando viejos clichés y se siguen proponiendo proyectos de museos y unifamiliares. Creemos que hace falta un cambio de raíz, y que una asignatura que facilité el desembarco al mundo profesional, es más necesaria que nunca.

Pero si, en cambio, seguimos pensando que la salida mayoritaria sigue siendo ganar concursos y conseguir encargos privados para hacer casitas, cueste lo que cueste, vamos dados.

Aun así, seguro que más de uno dirá “siempre quedarán los primos y esos amigos de nuestros padres que nos han elogiado sin cesar durante la carrera.” ¿Alguno de ellos querrá hacerse algo? Seguramente quieren, pero… simplemente no tienen dinero. De hecho, si tienen algún euro guardado en el calcetín, vemos complicado que sea empleado para pagar los justos honorarios del arquitecto. De hecho, es probable, que le intenten dar la vuelta a la tortilla y “ya que el joven arquitecto está empezando casi que le hacemos un favor dejándole que coja un poco de experiencia”. En cuatro días nos van a pedir pagar por proyectar, y si no, al tiempo.

De hecho, lo de pagar es lo que no te quita nadie. En cuanto levantes el dedo avisando que ya eres uno más del colectivo y tienes intención de firmar cualquier cosa, cuando menos tendrás que preparar un montoncito de euros para la hermandad (equivalente a la seguridad social), otro para Asemas (para que duermas tranquilo, en caso de que construyas algo), otro para las cuotas de colegiación y, si te animas a ponerte en condiciones, no te olvides de prever los gastos del estudio, alquiler del mismo, material, equipos y demás zarandajas.

Solo echar cuentas de lo que supone subir la persiana cada mes, ya puede quitar el hipo a más de uno. Todo un festín para los tiempos que corren. Pero si en vez de esta opción, buscas trabajo en algún estudio, puede que tengas suerte o puede que no. De momento, es fácil que te ofrezcan trabajar miles de horas por una cantidad más bien módica. Demasiados estudios tienen malas costumbres. Como comenta Kazuyo Sejima, “trabajamos quince horas al día. Comemos, cenamos y, a veces, dormimos en el estudio”, con la sospecha puesta en que este plural, más de una vez, será un plural mayestático.

Aquí también son tiempos, realmente, complicados. Así que, si viendo cómo está el percal, finalmente te animas a seguir estudiando y “durante los años de crisis hacer algo de provecho”. Pues más dinero al canto. Verás un maremagnun de Masters que pueden costarte desde módicas cantidades hasta varios miles de euros al año la broma.

Pero bueno, os extrañará que no hablemos de promotores. Seguro que sí. Pues no lo hemos hecho, ni lo vamos a hacer, porque entendemos que, por lo menos, en los próximos años van a estar bastante contenidos, y lo poco que hagan lo harán con arquitectos de su confianza.

Por todo ello (y mucho más), pensamos que en las escuelas de arquitectura se tiene que abordar el tema de lleno. Por un lado, realizando un cambio de mentalidad en el pleno de las asignaturas, no podemos seguir haciendo solo edificios públicos (tipo icono) en la asignatura de proyectos. No se puede seguir dejando a los alumnos al borde del precipicio para que se las apañen como puedan.

Así que, esperando el apoyo de más de uno, la proponemos como materia de estudio obligatoria (pensada como un manual básico de supervivencia), y, por supuesto, sin ninguna pretensión de ser una “maría”.

A su vez, damos por hecho que nuestra petición no va a ser tomada muy en cuenta, pero bueno, así entre nosotros… ¿creéis, realmente, que se pudiera incorporar en los nuevos planes de estudios de la carrera?

Si veis que hemos sido demasiado derrotistas, hacérnoslo saber y estaremos encantados de que nos deis una visión de la jugada un poco más alegre para que ¡entre todos podamos levantar un poco el ánimo!

Imagen de portada: Chema Madoz
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Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó, montaron su estudio de arquitectura en el año 2003. Hasta la llegada de la crisis funcionaron como un “estudio normal”, consiguiendo ganar varios concursos y construyendo proyectos interesantes. En el 2009 se adentraron por terrenos entonces desconocidos. A día de hoy, su blog, Stepienybarno, es uno de los 5 blogs de arquitectura en castellano con más impacto en el mundo. A su vez, están detrás de varios proyectos online, además de ser los directores de este mismo blog o el blog de Fundación Arquia. Han dado multitud de charlas y cursos tanto de Identidad Digital como de Productividad en Colegios de arquitectos y Escuelas de Arquitectura. Acaban de publicar su primer libro: Eficiencia y Productividad en la arquitectura. https://regalosarquitectos.com/producto/libro-arquitecto-productivo/

5 Comments

  1. jose Reply

    Totalmente de acuerdo, pero la gran asignatura pendiente en nuestra carrera de “niños bien” no se os olvide que así nos ve la sociedad y hacienda, es la INCOMPATIBILIDAD. Ya hay arquitectos de sobra para que aquellos que den clase o trabajen para la administración sean exclusivos y no con un pie en cada puerto. Esto hace que los primeros interesados en no generar competencia sean los propios profesores de escuelas o arquitectos municipales etc…¿dar herramientas al recién terminado? Eso no va a ocurrir.
    Actualmente la universidad es un NEGOCIO y no un fin para la sociedad por lo que habría que preguntarse la función real de la misma.
    Por último señalar que planes de estudios de años para mercados laborales que cambian de un año para otro pues no lo veo.

  2. Romer San Reply

    No sé cómo segurián las cosas en la ETSA de Sevilla, pero me ha hecho gracia la frase “proponiendo proyectos de museos y unifamiliares.” En Sevilla las ideas peregrinas de los profesores de proyectos eran la leche. Mis proyectos de cuatrimestres fueron una playa en Matalascañas (LOL, tal cual) , viviendas plurifamiliares a saco (y a pelo, en plan manzanas enormes para rellenar con tus prismas de turno), un Ayuntamiento, un pabellón para la serpentine Gallery, residencias de estudiantes en Cambridge… Surrealista todo. Que me parece muy bien que propongan una Escuela de circo o un centro de interptetación de la bola del Chupa Chups, pero un sinsentido de principio a fin. NUNCA nadie me enseñó a proyectar (solo en primero, donde hicimos una unifamiliar muy cuqui en medio del campo extremeño) y a las correcciones uno iba acojonado, más pendiente de caerle bien al profesor neurótico de turno y de corregir a saco, habiendo listas de espera para corregir en muchos casos. Con suerte, corregías 2 o 3 veces en el cuatrimestre. Súmale las 20202002 prácticas de urbanismo, construcción, estructuras… Al final sales de esa facultad sabiendo NADA, porque has tocado tantos palos que al final lo que tienes es un reducto de cosas sobrantes de las que has vomitado en los exámenes. Yo flipé cuando me di cuenta de que no tenía ni idea de la mayoría de las cosas que había estudiado veranos enteros. Y nadie iba ya a enseñármelas porque los estudios piden experiencia y veinte mil cosas más. El plan 98 ha sido horrible. Y nos ha convertido a muchos en peleles que salimos de la facultad sin saber qué queríamos hacer, sin vocación, quemados y con ganas de olvidar ese infierno de tantos años sin dormir y nula vida social. Nos han enseñado a poner el tubito de ventilación en su posición exacta en una sección constructiva estándar super bonito y especificado con su ficha técnica , pa qué.

    1. Blaise Reply

      Ese proyecto de la Serpentine Gallery me recuerda a un dúo de profesores, de cuyos nombres no quiero acordarme (“Teniente” y “Taladro” ¿puede ser?), no se preparaban ni los enunciados de los proyectos, y planificaban el curso a salto de mata, el curso con ellos me pareció un despropósito, una experiencia surrealista y una pérdida de tiempo, para mi los peores profes que he tenido en la ETSAS, aunque como ya se sabe, hablo de la asignatura de proyectos, en el país de los ciegos el tuerto es el rey.
      Por lo general la asignatura de proyectos se enseñaba mal, o directamente no se enseña, y salvo excepciones (de algún tuerto) se trataba de un “tú si que vales” donde te buscabas la vida por tu cuenta para aprender (lo que se llama dar palos de ciego y perder el tiempo). Era raro que un profesor te quisiera enseñar el lenguaje arquitectónico o los distintos mecanismos que articulan un proyecto (enseñar a proyectar, “los ordenes de la arquitectura”), porque lo que en proyectos no aprendías una mierda.
      En la escuela se aprende mucho es verdad, pero luego necesitas bagaje profesional para desarrollarlo y aplicarlo, pero teniendo en cuenta la realidad del mercado laboral solo unos poquitos privilegiados podrán llegar a aplicar y desarrollar este conocimiento aprendido (y no hablo de proyectos=caca, hablo de construcción, instalaciones, estructuras, urbanismo, cimentaciones…), pues vas a tener la sensaciones que no has aprendido NADA simplemente porque lo aprendido no te vale para NADA.
      Yo me dedico a otra cosa, lo cual ha llevado una oposición aparejada, algo parecido a estudiar otra carrera… aaaay más a cuenta me hubiese llevado estudiar en ese edificio de tan magnífico comedor en el semisótano diseñado por Alejandro de La Sota.

  3. Ramón Reply

    La mayor parte de lo que las escuelas de arquitectura siguen vendiendo en sus aulas es un puro y simple adoctrinamiento estético bajo los respetables cánones del momento (y solo esos). Tan sofisticado como el que hace Zara con las generaciones y vestimentas de la temporada. Y eso no se vende, porque muy poca masa social está dispuesta a comprarlo, porque se dan cuenta de su poco valor añadido o porque no pueden pagar lo que dicen que vale. Y de ahí, aquello de… “me di cuenta de que no había aprendido nada de lo que después necesitaba para satisfacer las demandas del mercado profesional”.
    A los arquitectos como colectivo y a nuestras intocables instituciones colegiales nos salvan las (justificables?) reservas de actividad de que disfrutamos gracias a la LOE. El dia que desaparezcan, si eso ocurre, nos falta el tiempo para ponernos la mayoría a fabricar o vender algo que alguien quiera comprar (además de la administración pública).

  4. Blaise Reply

    No es que las escuelas deberían reciclarse para adaptarse a un mercado laboral cambiante (por no decir saturado en lo arquitectónico), si diesen otro tipo de formación no estaríamos hablando de la carrera de arquitectura, si no de otra cosa, y para esto ya existen estudios reglados: diseño industrial, diseño gráfico, bellas artes, ingenierías varías… La solución sería cerrar más del 50% de las escuelas que ha día de hoy sobran y seguirán sobrando y solo generan gente joven que ha echado los mejores años de su vida en NADA = frustración.
    Más vale la decepción de una mala nota de corte, que verte con veintimuchos con la sensación que tras largos años de esfuerzo has estado perdiendo el tiempo .

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