Pequeñas anécdotas para la historia de la arquitectura (parte 2)

Participar en un concurso internacional como el del Museo de Mercedes Benz en Stuttgart junto con Alberto Campo Baeza fue un honor por diferentes motivos. Uno de los más destacables fue por los compañeros de aquella singular aventura. Campo Baeza sabía rodearse de los mejores y yo no podía hacer más que admirar las increíbles capacidades que tenían todos los que me rodeaban. Ignacio Aguirre López, que llevaba en el año 2002 prácticamente 10 años (en 2020 hace 28 años…) era un arquitecto de tomo y lomo. Siempre ha sido la mano derecha de Alberto y ha adquirido una capacidad innata para pensar como él. Felipe Samarán Saló, que aterrizó en la oficina habiendo vuelto de Nicaragua y que fue capaz de levantar y hacer realidad uno de los proyectos más icónicos de Campo Baeza, el edificio de la General de Granada. Alejandro Cervilla García, que llegó al estudio en 2002 precisamente para hacer este proyecto en Alemania, fruto de haber conseguido una beca de excelencia (Arquia) para trabajar con Campo Baeza. Alejandro lleva desde entonces colaborando con él (en 2020 hace 18 años…). También estaban otros colaboradores que ahora son buenísimos arquitectos, como Antonio Álvarez-Cienfuegos Rubio (el arquitecto más organizado que conozco), Javier Calvo Mayayo (el mejor arquitecto de Ponferrada y sus alrededores), María Concepción Perez Gutiérrez (Chiqui, un portento de las estructuras), Miguel Ciria Hernández (un virtuoso de las maquetas), Andrés Toledo Domínguez (un virtuoso de la música), Luis Úrculo Cámara (un genio de la comunicación), Ingrid Campo Ruiz (con ella todo era posible) y Alfredo Muñoz Herrero (la sostenibilidad personificada). Poco antes, algunos compañeros habían levantado el vuelo, como Raúl del Valle González, Juan Manuel Sánchez La Chica, Tomás García Píriz y Gonzalo Torcal Fernández-Corugedo (entre otros), habiendo participado con ellos en otros proyectos como la casa de Blas (2001), el Centre BIT de Inca (Mallorca, 1998), las dos fases del aeropuerto de Tenerife Sur (1997) o la vivienda para Tom Ford en Santa Fe (USA, 1996). Todavía recuerdo haber coincidido con otros colaboradores memorables, como Daniel Huertas Nadal y Antón García-Abril en las fases de proyecto como el Centre BIT Inca o los primeros pasos del proyecto de Caja Granada.

Campo Baeza contó desde el principio con la colaboración de Alberto Morell Sixto, arquitecto con el que firmó este singular proyecto. El promotor del concurso, la empresa alemana automovilística Daimler Chrysler, requería un nuevo gran espacio expositivo que estuviera anexo a las instalaciones de fabricación y pistas de prueba de coches Mercedes Benz en Stuttgart. Una de las cosas que más les llamó la atención a los arquitectos cuando fueron a visitar dichas instalaciones fue la demostración de encendido de coches con casi 100 años de antigüedad, que, estando expuestos en el museo existente, todavía funcionaban a la perfección. Desde los inicios, los primeros bocetos atestiguaron lo que estaba por venir: “los coches siempre están en movimiento, rápido, al aire libre”. ¿Y si se plantease un museo en que los coches pudieran circular como parte del planteamiento museológico?

El equipo se puso inmediatamente manos a la obra ya que la producción no podía ser más exigente. En prácticamente dos meses teníamos que preparar: tres maquetas a diferentes escalas, diez paneles DINA-0, los dosieres con las memorias técnicas correspondientes y un video. Las maquetas eran de diferente alcance.

El promotor del concurso había facilitado una maqueta de escayola de todo el gigantesco complejo a escala 1:1000. El modelo extendido en la sala vestibular de la oficina ocupaba prácticamente 3×2 metros. En él se reproducían las naves existentes, la gran pista de pruebas, el solar donde estaría ubicado el nuevo museo y una gran parte del entorno. Esta maqueta se pensó como si fuera “colocar una joya” en mitad de todo el recinto. Para ello se contrataron los servicios del maquetista Jorge Queipo, que realizó una pequeña maqueta en madera maciza mostrando de manera contundente la geometría del proyecto. La segunda maqueta, realizada pacientemente por Miguel Ciria, consistía en un modelo más detallado del conjunto a escala 1:200. Dicha maqueta se había realizado en cartón gris de alta densidad. Todavía recuerdo a Miguel pegando por capas dicho cartón hasta conseguir los espesores necesarios para formar las piezas, que después quedarían perfectamente ensambladas. La última maqueta fue la más exigente, porque se propuso realizar en hormigón armado. Para ello se hicieron varias pruebas. A cargo de esta labor estuvo Ingrid Campo con la ayuda de Ignacio Aguirre y Alejandro Cervilla. El desafío consistía en realizar en primer lugar el encofrado, posteriormente el armado y finalmente la mezcla para conseguir el hormigón. Cada una de estas tres fases exigió varias repeticiones, especialmente para la obtención de una dosificación adecuada del hormigón, con la presión evidente del tiempo de curado del mismo. Durante varias semanas, la cocina de la oficina parecía una obra, ya que, una vez conseguida la dosificación, se requería hidratar el hormigón mientras iba endureciendo.

Uno de los momentos más relevantes del proyecto fue la definición de la geometría final, ya que se trataba de generar una rampa continua que subiera y bajase, mientras se entrelazaban los caminos, adecuando de una pendiente razonable al conjunto. Esta labor la realizó con solvencia Cervilla, que diseñó una figura geométrica (parecida a una lemniscata de tres focos) tomando como referencia el icónico logo de Mercedes Benz.

Yo por mi parte levanté un complejo modelo tridimensional utilizando un método de railway section con Rhino 3D, que fue muy provechoso porque de él se obtuvieron los alzados y secciones, muchos de los esquemas y sobre todo los renders finales. Gracias a un motor de render que acababa de aparecer en esos años (Brazil, de la empresa SplutterFish) pude componer las bases con material y luz para finalmente confeccionar los dos collages que encabezan visualmente el proyecto. Estas dos imágenes se imprimieron ocupando cada una dos DINA-0.

El resto del equipo se dedicó a realizar la documentación planimétrica y técnica del resto de paneles A-0. Samarán se encargó de las secciones constructivas; Álvarez-Cienfuegos de la planta de situación; Cervilla, Aguirre, Toledo y Mayayo de las plantas, alzados y secciones; Úrculo de los esquemas de programa; Chiqui de los esquemas estructurales; Muñoz de los esquemas de sostenibilidad.

En las últimas semanas sugerí la posibilidad de realizar un video aprovechando el modelo 3D. Creo que, en su momento, no fui consciente de la dificultad debido a la precariedad de los equipos informáticos que teníamos. En cualquier caso (inconsciente de mi) decidí afrontar el reto y, una vez preparadas las cámaras en movimiento dentro del modelo, aproveché las noches y los momentos de parón para poner todos los ordenadores del estudio a trabajar. Cuando se acabó el video (no se hagan ilusiones, era el año 2001-2002) le incorporamos la música de Satyagraha, compuesta por Philip Glass en 1980. No quedó mal.

La recta final del concurso no podía ser más frenética, todos hacíamos de todo. En un momento dado, llegó el momento de enviar la documentación, pero quedaba un paso más: hacer la presentación del proyecto en Stuttgart. Para ello, Alberto Campo y Alberto Morell decidieron que Alejandro Cervilla y yo seríamos los que los acompañaríamos.

Quedaba por delante vernos cara a cara con Sejima, Van Berkel, Kollhoff, Asymptote, etc.

[continuará]

Emilio Delgado Martos (27/05/2019) Emilio Delgado Martos es arquitecto (ETSAM 2001) y doctor en Humanidades (UFV 2017). Es Subdirector de Investigación de la EPS de la UFV. Desde 2006 es profesor en las titulaciones de Arquitectura y Diseño de la UFV, participando a la vez en diferentes grupos de investigación en la UFV. Como profesional dirige desde 2005 Estudio Arquitectura Hago (estudiohago.com) donde ha desarrollado más de 100 proyectos y construido más de 25. Durante los últimos años han realizado conferencias, participado en exposiciones, realizado publicaciones de ámbito internacional y recibido premios y reconocimientos entre los que destaca la nominación para el Mies van der Rohe Award de 2015.

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