Dibujo de Siza

Aprender arquitectura en tiempos de IA

La IA está transformando la arquitectura y nuestra manera de aprender. Producir más rápido no garantiza comprender mejor. Necesitamos seguir leyendo, dibujando, escribiendo y equivocándonos para construir criterio propio. 

Aprender arquitectura exige educar la mirada, conocer lugares y escuchar a quienes los habitan. También necesitamos escuelas que acompañen a cada estudiante y pongan a la persona en el centro. 

Podemos aprovechar la IA para cuestionar nuestras decisiones, contrastar alternativas y profundizar, conservando la responsabilidad sobre lo que proyectamos. El reto es cultivar conocimiento, respeto y cuidado, poniendo nuestras capacidades al servicio de la vida y del bienestar de las personas.

Producir más rápido y seguir aprendiendo

Soy un humano más, seguramente con más miedos de lo normal. También con una curiosidad insaciable y ganas de compartir lo que aprendo. Por eso, al pensar en quienes estudian arquitectura, me surge una pregunta: ¿la IA nos ayuda a aprender más o a producir mejores resultados sin comprender cómo llegamos a ellos?

Desde hace 3 meses chatGPT Work hace aplicaciones al toque que hasta hace nada hacía falta un programador experto y mucho tiempo para conseguirlas.

Con GPT-6 Astra ya vemos trabajo con Blender, escenas arquitectónicas y espacios explorables. La IA puede tomar los mandos de tu  ordenador y generar geometrías CAD. La velocidad impresiona: tareas que hasta hace poco exigían mucho trabajo humano empiezan a resolverse con resultados sorprendentes, aunque todavía requieren revisión.

Mandar determinados trabajos a estudiantes es barco hundido, pues la gran mayoría intentarán que la IA lo haga por ellos. 

En apenas cuatro años hemos pasado de modelos que fallaban en operaciones sencillas a anuncios como el de OpenAI sobre una solución al problema del milenio de Navier–Stokes, obtenida con un sistema interno. 

Conviene estar atentos a lo que viene. 

Si en 3 meses los escenarios cambian tanto, ¿qué podemos garantizar al estudiante que entra ahora en las aulas y saldrá dentro de 5 años?

Junto a la preocupación por el futuro laboral aparece otra: que dejemos de ejercitar las capacidades necesarias para aprender arquitectura.

¿Qué ocurre si desde el primer curso de arquitectura el estudiante delega buena parte del trabajo? Una imagen espectacular puede esconder una decisión poco pensada. Entregar un proyecto aparentemente convincente no garantiza que sepamos explicar por qué ese espacio merece existir.

Aprender arquitectura es una tarea lenta y exige compromiso. Podemos ser arquitectos sin haber leído a Juhani Pallasmaa o Atmósferas, de Peter Zumthor. Ser buenos arquitectos es otra cosa. Y la IA no hará ese recorrido por nosotros.

Leer ayuda a comprender (ver aquí). Escribir, a ordenar las ideas. Resolver problemas, a aprender a pensar. Podemos delegar esas tareas, pero conviene preguntarnos qué dejamos de desarrollar cuando evitamos sistemáticamente sus dificultades..

No todo lo que podemos automatizar deberíamos dejar de aprender. Dibujar, probar, equivocarnos y revisar forman parte de la construcción de nuestro criterio.

Educar la mirada y poner a la persona en el centro

Aprender arquitectura exige educar la mirada: observar la luz, comprender el lugar y escuchar a quienes lo habitan.

Como hemos comentado varias veces en este blog, necesitamos una arquitectura centrada en la persona. También unas imágenes que muestren la vida de los espacios, en lugar de lugares vacíos y retocados para que queden “bonitos”.

Casa DOM de CRUX Foto de Milena Villalba.

Casa DOM de CRUX Foto de Milena Villalba.

Esa centralidad debería comenzar en nuestras escuelas: que cada estudiante sea alguien a quien acompañamos, con sus particularidades y posibilidades. Así, también quienes inicialmente brillan menos tendrán oportunidades de enamorarse de la carrera.

Como bien apunta Felipe Samarán, director de la UFV arquitectura, quienes enseñan han de atender a las dimensiones física, psíquica y espiritual de sus estudiantes. Traducido al proyecto, necesitamos poner el foco en el cuerpo, las emociones, las relaciones y el sentido que damos a los lugares.

Viajar, conocer ciudades y recorrer sus edificios seguirá siendo una vía fundamental para formarnos. Visitar, conversar y observar cómo se usan los espacios alimenta un aprendizaje que necesita experiencia y acompañamiento.

Pensar con la IA y poner el conocimiento al servicio de la vida

La IA avanza en matemáticas, ciencias y programación. Esto nos obliga a preguntarnos qué ocurrirá cuando acumular conocimientos, razonar rápido y resolver problemas deje de diferenciarnos. Sus capacidades tampoco significan que haya superado al ser humano en todas sus dimensiones.

Juego al ajedrez desde niño. Las máquinas nos superaron hace tiempo y seguimos disfrutando de humanos jugando imperfectamente. Nos interesan sus decisiones, sus dudas y su recorrido.

¿Qué clase de personas queremos ser con todo lo que sabemos?

En estos tiempos tan asépticos y perfectos, cuando más humanos nos mostremos al mundo mejor que mejor.

Necesitamos cultivar el respeto, el cuidado y la inocencia curiosa de ese niño que seguimos llevando dentro. Poner a la persona en el centro implica acción: prestar atención, acompañar y procurar su bien. Amar también es cuidar.

El prestigio, las medallas y el reconocimiento pueden llegar. Pero, corremos el riesgo de poner el conocimiento al servicio del ego.

La velocidad de la IA también plantea riesgos capaces de alterar profundamente nuestro mundo. Creo que harán falta límites y restricciones adicionales. Mientras tanto, podemos aprovecharla cultivando nuestra humanidad —que también se entrena— y profundizando en lo que sabemos. 

Sin conocimiento propio, la IA puede alucinar y nos lo comeremos con patatas.

Un estudio piloto con 14 estudiantes, publicado en septiembre de 2026, observó mejoras en el aprendizaje de la materia, pero no cambios en la prueba de pensamiento crítico. Predominaba el uso de la IA para obtener validación, en lugar de establecer un diálogo que ayudara a pensar. Es una investigación pequeña, pero invita a revisar cómo usamos estas herramientas.

En arquitectura podemos empezar por nuestros croquis y explicar qué queremos resolver. Después, plantear preguntas a la IA que cuestionen nuestras decisiones: ¿qué supuesto damos por hecho?, ¿a quién podría perjudicar esa distribución?, ¿qué alternativa descartamos demasiado pronto? Finalmente, nos corresponde contrastar las respuestas con el lugar, revisar la propuesta y explicar qué hemos cambiado y por qué.

Esto invita a valorar, junto a la entrega final, los bocetos, los descartes, las dudas y la capacidad de defender las decisiones. El proceso permite ver qué estamos aprendiendo.

Una escuela, de arquitectura o de cualquier disciplina, debería formar personas competentes y capaces de poner lo aprendido al servicio de la vida.

Porque saber más y producir más rápido cobra sentido cuando sabemos para qué y al servicio de quién ponemos nuestro conocimiento.

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Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó, montaron su estudio de arquitectura en el año 2003. Hasta la llegada de la crisis funcionaron como un “estudio normal”, consiguiendo ganar varios concursos y construyendo proyectos interesantes. En el 2009 se adentraron por terrenos entonces desconocidos. A día de hoy, su blog, Stepienybarno, es uno de los 5 blogs de arquitectura en castellano con más impacto en el mundo. A su vez, están detrás de varios proyectos online, además de ser los directores de este mismo blog o el blog de Fundación Arquia. Han dado multitud de charlas y cursos tanto de Identidad Digital como de Productividad en Colegios de arquitectos y Escuelas de Arquitectura. Acaban de publicar su primer libro: Eficiencia y Productividad en la arquitectura. https://regalosarquitectos.com/producto/libro-arquitecto-productivo/

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