radic - arquitecto

La dignidad de lo frágil, La arquitectura del cuidado de Smiljan Radić

En el panorama de la arquitectura contemporánea, dominado durante décadas por discursos tecnológicos, iconográficos o abiertamente espectaculares, que buscan el titular y protagonismo formal, la figura del arquitecto chileno Smiljan Radić ocupa una posición singular alejada de todo ello y luminosamente distinta. Su trabajo, ampliamente reconocido (culminando con el Premio Pritzker 2026) no puede asociarse a formas, materiales o detalles constructivos recurrentes, tipologías fetiche o un lenguaje identificable de inmediato. Radić ha construido una trayectoria coherente basada en una noción discreta pero reveladora: la fragilidad como condición esencial del habitar humano.

Leer su obra desde esa clave, entendiendo la fragilidad no como debilidad arquitectónica, sino como posición ética, sensibilidad material y atención a la persona, ayuda a reconocer ese hilo conductor visible en todo su trabajo: ocuparse de cuidar sin monumentalizar.

Radić es descrito con frecuencia como arquitecto de los márgenes, no por trabajar en las periferias geográficas, aunque muchas de sus obras se sitúan fuera de los grandes centros, sino porque rehúye conscientemente los discursos dominantes de la arquitectura internacional. Él evita etiquetas y sus edificios parecen situarse en un territorio ambiguo, entre lo primitivo y lo contemporáneo, entre la ruina y la construcción, entre el refugio y el artefacto.

Esta ambigüedad no es casual. En Radić hay una desconfianza explícita hacia la idea de la arquitectura como objeto definitivo o respuesta cerrada. Sus obras parecen siempre provisionales, como si existieran a la espera de desaparecer, ser transformadas o simplemente olvidadas. Esta condición, lejos de ser un gesto formal, conecta directamente con su manera de entender la fragilidad humana.

Radić recurre a la fragilidad no como estilo, sino como proceso. La fragilidad no es una estética de lo precario, sino una construcción progresiva, obra tras obra, cada vez más consciente, se ve en sus obras.

La fragilidad austera y asumida: Casa Chica (Vilches, 1996–1997)
Es el punto de partida. Construida a mano, con materiales recuperados, sin voluntad representativa, plantea una idea clave: la arquitectura no protege del todo, acompaña. Aquí la fragilidad es material y vital; vivir con poco, aceptar el error, el desgaste, la dependencia del clima y del cuerpo. No hay monumentalidad, solo uso y presencia.

La fragilidad como protección densa. Casas y refugios (años 90–2000):
En obras como la Casa del Carbonero o la Casa para el Poema del Ángulo Recto, Radić introduce una visión menos evidente: la fragilidad no es ligereza, sino protección intensa. Muros gruesos, interiores oscuros, espacios cerrados que cuidan al cuerpo mediante el silencio, la penumbra y la contención. El cuidado aquí es sensorial y existencial: retirarse para sobrevivir.

La fragilidad como invisibilidad. Museo Precolombino (2013):
La ampliación subterránea del Museo Chileno de Arte Precolombino radicaliza su postura ética. Radić decide no competir con lo existente, no tocar lo visible, intervenir sin dejar huella. La fragilidad se convierte en renuncia: aceptar que la arquitectura puede y debe quitarse de en medio cuando la memoria colectiva lo exige.

La fragilidad perceptiva: Pabellón Serpentine (2014)
En él la fragilidad se vuelve legible para todos. Una cáscara blanca, aparentemente frágil, apoyada sobre piedras ancestrales. La paradoja es clara: no es una fragilidad estructural, sino perceptiva. El edificio es resistente, pero parece débil, haciendo comprender su inevitable condición de efímero. ¿Hay algo que no lo sea? En mucha de su arquitectura aparecen los enormes bloques de piedra, que son la simbiosis perfecta con el trabajo escultórico independiente de su mujer Marcela Correa.

La fragilidad de la leve piel protectora. De la NAVE, (2015) a las arquitecturas hinchables de Londres (2022) y La Bienal de Chile (2023).
En la sala de artes escénicas se dotó de una nueva vida interior a la piel sólida con vocación de estable del antiguo inmueble reutilizado, y se añadió sobre él una piel vibrante y efímera que habla de la belleza del momento irrepetible. La piel como protección y cobijo para la vida y el habitar.

La fragilidad como ética relacional (Pritzker 2026):
No es algo sentimental ni autobiográfico. Radić insiste en que la fragilidad es una condición universal de la existencia humana. Los edificios existen mientras alguien los use, los recuerde y los cuide. La arquitectura pasa de poner su acento en lo material para dárselo a lo relacional.

Hay una nueva ola de arquitectos que se alejan deliberadamente del espectáculo formal para recuperar el cuidado y la centralidad de la persona en su trabajo. Radić es el último Pritzker que se suma a la lista de premiados recientes cuya obra muestra una afortunada y necesaria vuelta al ser humano y su cuidado como centro irrenunciable de la Arquitectura.

Liu Jiakun (2025, China) Cuida con su arquitectura profundamente humana, contextual y sin estilos fijos, que no busca el espectáculo ni el icono, sino que se enfoca en la vida diaria de las personas comunes. Sus edificios “celebran lo ordinario” y elevan la experiencia cotidiana dijo el jurado del Pritzker. Él dice ser “como el agua”, que se adapta al entorno sin imponer una forma previa. Con un fuerte arraigo en el contexto del lugar, usa materiales locales y técnicas “low-tech”, entendiendo la arquitectura como infraestructura social, capaz de generar convivencia incluso en contextos densos.

Francis Kéré (2022, Burkina Faso): Cuida a través de la arquitectura social, climáticamente inteligente (con estrategias pasivas), materiales locales y técnicas vernáculas reinterpretadas, además de ser éticamente comprometida, construida con y para la comunidad. Desarrolla espacios colectivos con procesos pedagógicos, demostrando que la sostenibilidad, la dignidad y la innovación pueden surgir desde lo local con impacto global.

Lacaton y Vassal (2021 Francia): Conciben el cuidado como generosidad espacial y social. Más metros, luz, aire, vistas, libertad de uso, sin expulsar a nadie. Una arquitectura profundamente ética, económica y centrada en el habitar. Su principio clave es nunca demoler, sino rehabilitar y ampliar lo existente, especialmente vivienda social. La generosidad espacial como un derecho, incorporando balcones, terrazas y espacios flexibles con presupuestos reducidos. Rechazan el formalismo y el lujo innecesario, apostando por sistemas simples y una sostenibilidad práctica basada en reutilizar, mejorar y prolongar la vida de los edificios.

Alejandro Aravena (2016 Chile): Concienciado por dar una oportunidad arquitectónica a los menos privilegiados, promoviendo la colaboración educativa entre estado y particulares que incentiva el esfuerzo familiar por alcanzar una vivienda a la altura de sus necesidades.

Shigeru Ban (2014) Japón: Que se distinguió por su obra que cuidaba a los afectados en áreas que han sido devastadas por desastres naturales. Además de hacerlo con el material sencillo de papel y tubos de cartón reciclado.

Y otros muchos arquitectos alinados con estas ideas (quién sabe si algún día obtendrán también el reconocimiento del Pritzker), entre los que destaca Anna Heringer (Alemania), o José Fernando Gómez de Futura Natura (Ecuador) que están marcando un nuevo camino de la sensibilidad y el cuidado que merece ser atendido como orientación para la buena dirección.

La arquitectura de Smiljan Radić no pretende salvar al mundo ni ofrecer soluciones universales. Hace algo más modesto y necesario: recordarnos que habitar es una condición frágil, que vivir implica depender, que construir es un acto reversible. Para estudiantes de arquitectura, su obra ofrece una lección clave: no toda arquitectura debe ser heroica. A veces, cuidar es aceptar que todo puede desaparecer.

Foto: © Smiljan Radic. 

Casabella no.907 03/2020.

 

Share

Estudió arquitectura en la T.U. Darmstadt, (Alemania) y ETSAM (Madrid). Trabajó en cooperación, en Nicaragua del '95 al '97, y con Alberto Campo Baeza del '97 al '02 con quien fue coautor de la Caja General Ahorros de Granada. Participó en el plan estratégico de la Ciudad de las Telecomunicaciones de Telefónica en Madrid, entre otros proyectos. En ‘02 monta su estudio ARTEctura con obras tan variadas como el Edifico Minerva (c. del Amparo 103 junto a la Casa Encendida de Madrid), el Colegio Highlands los Fresnos (Boadilla del Monte), el plan de rehabilitación integral de la Ciudad de Aguarda (Pontevedra) “Cintura del Tecla”, o el Restaurante SOPA de Madrid entre otras. Formado en Coaching dialógico por el IDDI desde 2008 con especialización en desarrollo directivo y docente. Docente en proyectos en A.I. de la ETSAM, desde '02 y desde 2006 es profesor y director de la Escuela de Arquitectura de la UFV (Universidad Francisco de Vitoria).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *