Leer en tiempos de la Inteligencia Artificial.

La IA maneja bien muchos datos, pero NO puede generar sabiduría.

Los datos fiables, convenientemente escogidos y ordenados pueden generar información, esta, adecuadamente procesada puede convertirse en conocimiento, y las mentes bien armadas saben transformarlo en sabiduría. No se deben confundir los datos con sabiduría.

La sabiduría es el grado más alto y profundo del conocimiento, capaz de conducir a una vida prudente y plena, algo que depende de cada ser humano, de sus principios, de su experiencia vital, de sus condiciones de entorno, todo ello personal e intransferible, pues solo cada cual, sabiendo de dónde viene, sus dones, dónde está, puede decidir hacia dónde y cómo desea conducir su vida.

En la era de la inteligencia artificial, el valor en el que la inteligencia humana resulta verdaderamente irremplazable es la capacidad de tener un criterio propio y una conciencia sabiamente fundados. No basta con acceder a grandes volúmenes de información, lo decisivo es saber discriminar qué datos y conocimientos merecen atención y cuáles deben orientar nuestras decisiones profesionales y vitales, aquellas que configuran de manera más profunda nuestra forma de ser y de estar en el mundo. De las respuestas de la IA no podemos saber cuales son sus fuentes de información, ni sus sesgos o veracidad, salvo que nosotros las limitemos, algo que va en contra de su enorme ventaja.

Decía Ortega y Gasset que “la universidad consiste, primero y por lo pronto, en la enseñanza superior que debe recibir el hombre medio. Hay que hacer del hombre medio, ante todo un hombre culto, situarlo a la altura de los tiempos[1] y cabe añadir, que para eso no sirve con que tenga toda la información del mundo a un click, es necesario que haya podido generar sabiduría propia después de haber transformado los datos en conocimiento, haber leído y haber interiorizado todo ello en su propia sabiduría de cimientos sólidos.

Culto es aquel que se ha cultivado, como un campo, para obtener para sí y para los que le rodean, los mejores frutos de la civilización. Alguien es culto por los libros que ha leído y recuerda, por la calidad de su vocabulario, por las películas, exposiciones y espectáculos que ha visto, por la gente que conoce e incluso por los lugares que ha visitado. Una persona culta también es compasiva, empática, solidaria, amable y quizá hasta sabia. El ser humano se vuelve tal, gracias a la cultura.

 

En el Politécnico de Milán, está la Fundación Renzo Piano. Esta contiene algunas maquetas y planos significativos, una línea del tiempo con sus obras más emblemáticas, fotos de momentos históricos, y eso son datos relevantes, pero lo que tiene un valor incalculable es la réplica de su “biblioteca de referencia” aquellos autores y libros que hicieron de Renzo Piano el arquitecto que es, y aquellos escritos que el propio autor dejó como destilado de su vida y obra.

Fundación Renzo Piano Politécnico de Milán

Fundación Renzo Piano Politécnico de Milán

La inteligencia artificial actual, el nuevo gran oráculo al que se asoma todo el mundo en busca de respuestas, siendo una valiosísima herramienta de trabajo obliga a someterla a varios filtros cuando se usa:

1.- ¿Será cierto lo que me cuenta? La IA está programada para responder siempre. Si sabe la respuesta te la dice, si no la sabe se inventa algo “probable” y que suena adecuado. Si le corriges, porque sabes que está mal, o porque quieres desafiarla, siempre te da la razón y reconsidera su respuesta.

2.- ¿Cuáles serán sus fuentes de consulta para darme esa respuesta? La IA no puede citarse como fuente de autoridad porque no es nadie. Cuando se cita, se dice quién opinaba qué, y en virtud del prestigio y credibilidad del autor así podemos adherirnos a su conocimiento u opinión.

3.- ¿Qué cosmovisión hay detrás de esa IA? ¿De qué modo entiende el universo, su orden, mi mundo y a mí? ¿Puedo confiarle preguntas existenciales a algo que no está vivo, que no va a lidiar nunca con limitaciones, con la enfermedad, con el sufrimiento, con miedos, con el desconcierto, con el amor, con la añoranza, con anhelos de libertad, de crecimiento, con la impotencia, con la muerte?

Por estos motivos leer se convierte en una conversación necesaria e insustituible con personas presentes y pasadas. Conocer formas de entender la vida o partes de ella, ver el mundo a través de los ojos sabios de otras personas que merecen nuestro respeto porque el tiempo los ha convertido en “clásicos necesarios”.

Ahí aparece el siguiente desafío: Sabiéndonos limitados en el tiempo, ¿Cómo elegimos lo que podemos y debemos leer para ser una persona culta y bien formada? Porque se escribe mucho, pero no todo tiene el mismo interés, ni somos capaces de leerlo todo.

Por eso es sabio recurrir a los clásicos, y cada disciplina tiene los suyos. Fragmentos de pensamiento que amueblan correctamente nuestra mente y nutren nuestra alma. Entrar en casa de alguien y poder ver en sus estanterías lo que ha leído, (o lo que NO ha leído) nos da una idea de cómo está configurada su cabeza y en qué podemos hablar un mismo idioma.

Poder preguntar a nuestros maestros lo que han leído es un muy sano ejercicio que nos permite acceder sus clásicos y a través de ellos elaborar a una visión propia del mundo y de nuestra vida.

Una buena discusión con alguien bien formado es un lujo que nos esculpe, siempre que estemos abiertos a argumentos mejor fundados que los que nosotros seamos capaces de exponer en ella, siempre que prefiramos buscar la verdad a que nos den la razón.

¿Qué libros te han hecho ser quién eres y encontraríamos en tu biblioteca personal?

Aquí va la lista de los 2 libros que recomiendan 25 de nuestros maestros y amigos. Tan solo dos libros que ellos han seleccionado como los imprescindibles de su biblioteca.

Recomendaciones de lecturas para arquitectos

[1] Ortega y Gasset, MISIÓN DE LA UNIVERSIDAD, cap. IV, Lo que la universidad debe ser primero, La universidad, la profesión y la ciencia. Revista de Occidente Madrid, 1930

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Estudió arquitectura en la T.U. Darmstadt, (Alemania) y ETSAM (Madrid). Trabajó en cooperación, en Nicaragua del '95 al '97, y con Alberto Campo Baeza del '97 al '02 con quien fue coautor de la Caja General Ahorros de Granada. Participó en el plan estratégico de la Ciudad de las Telecomunicaciones de Telefónica en Madrid, entre otros proyectos. En ‘02 monta su estudio ARTEctura con obras tan variadas como el Edifico Minerva (c. del Amparo 103 junto a la Casa Encendida de Madrid), el Colegio Highlands los Fresnos (Boadilla del Monte), el plan de rehabilitación integral de la Ciudad de Aguarda (Pontevedra) “Cintura del Tecla”, o el Restaurante SOPA de Madrid entre otras. Formado en Coaching dialógico por el IDDI desde 2008 con especialización en desarrollo directivo y docente. Docente en proyectos en A.I. de la ETSAM, desde '02 y desde 2006 es profesor y director de la Escuela de Arquitectura de la UFV (Universidad Francisco de Vitoria).

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