¿Te gusta leer? ¿Has pensado alguna vez lo que un libro de literatura puede ayudarte y aportarte en tu carrera de arquitectura?

Hoy en día tendemos a establecer líneas divisorias mentales entre disciplinas que tienen mucho que dialogar. Los nuevos planes de estudio han sustituido un modelo educativo integral por otro más especializado que hace que el alumno abandone tempranamente materias humanísticas cuyo conocimiento redundaría en una riqueza cultural y formativa decisiva para su vida personal y profesional. Esto supone que -en las carreras más técnicas- nos aproximemos a las humanidades desde un gran desconocimiento.

¿Cómo explicar los períodos históricos, las rupturas o grandes cambios formales de la estética sin entender los factores políticos, económicos, sociales y religiosos que los originan? No se puede obviar que el Arte es una de las manifestaciones más íntimas del hombre, producto de sus circunstancias.

Rodearnos de buena literatura es una apuesta interesante. ¿Somos conscientes de que una buena novela, obra teatral, o biografía van más allá del tema que abordan a simple vista? Detrás de lo más “evidente” quedan recogidas unas circunstancias que son el contexto perfecto para entender el arte del periodo donde la obra literaria se desarrolla.

Os propongo una selección para disfrutar haciendo una lectura paralela a la de los acontecimientos narrados en primera instancia. Descubrid esos mundos que, aunque silenciosos en la narración, nos aportan una gran cantidad de información.

Comenzando por dos “grandes” de la crítica artística encontraremos esa interrelación entre disciplinas como la historia, la sociedad, la literatura y, por supuesto, el arte. Hauser y Gombrich[1] coincidieron -aunque desde distintas perspectivas- en el estudio global del Arte. Hauser, en su lucha contra el positivismo, se valió de la sociología y de los factores moldeadores del entorno cultural; Gombrich estableció amplias relaciones entre la tradición cultural, la ciencia y arte.

En Historia social de la literatura y el arte (1951), Hauser hizo un recorrido por la Historia de la Humanidad desde la prehistoria hasta la época del cine abordándola desde las tres disciplinas complementarias.

Cada etapa se estudia desde sus problemas económicos, sociales y políticos y desde la impronta ejercida en la labor creadora del hombre. Así, la escultura románica que invade las portadas de los edificios se explica en una sociedad mayoritariamente iletrada, autárquica en sus primeras épocas y profundamente cristiana. Junto a una tradición principalmente oral de la cultura y la información, con los juglares y trovadores como habituales transmisores de ambas, no es difícil dar un sentido didáctico a la escultura y entender la importante relación de ésta con la arquitectura.

La Historia del Arte (1950) de Gombrich, es obra esencial de estilo fácil y sencillo. Nuevamente un recorrido por la historia de la humanidad en la que se sitúa al arte en un contexto más amplio. Y en Breve Historia del Mundo (1998), de orientación más histórica, Gombrich vuelve a abordar el tema principal desde una perspectiva global. Repasando el índice del libro comprendemos que, nuevamente, la historia sin el arte tampoco tiene sentido. Las civilizaciones no se entienden sin hablar de sus tipos de escritura; de las esfinges, en Egipto; de la filosofía, la escultura, la arquitectura y el teatro en Grecia; o de Justiniano sin hacer referencia -en un mismo epígrafe- al Código Iuris y a Sta. Sofía.

¿Por qué los templos helenísticos eran la mayor manifestación arquitectónica, compilación del  saber técnico y estético del griego? Para los que nunca se han enfrentado a la historia, una forma divertida es hacerlo con Indro Montanelli[2]: Historia de los griegos (1959), obra de gran rigor por la condición de historiador de su autor, pero amena y fácil de leer por su gran experiencia periodística. Las grandes figuras de Grecia nos acercan al estudio de la arquitectura. ¡¿Cómo no dedicar un capítulo a las polis; a Pitágoras para quien “las cosas son números” en un mundo en que la arquitectura se basaba en la belleza alcanzada gracias a la simetría y la proporción?! ¿Cómo no estudiar a Schliemann, de quien Montanelli dice que “(…) Era un loco, pero alemán, o sea organizadísimo en su vesania (…)? La primera historia que, cuando tenía cinco o seis años, le contó su padre no fue la de Caperucita Roja, sino la de Ulises, Aquiles y Menelao. Tenía ocho cuando anunció solemnemente en familia que se proponía redescubrir Troya y demostrar, (…), que esa ciudad había existido realmente”?[3] Schliemann fue clave para el conocimiento de la civilización micénica y, consecuentemente, para aspectos arquitectónicos claves como la consideración del palacio micénico como origen del templo griego –posiblemente- debido a la “sustitución” de la autoridad real micénica por la de los dioses en Grecia.

Desde el teatro, Bernard Shaw[4], en Santa Juana (1923), recoge el mundo bajo medieval o proto-renacentista. Junto a la santa, los señores feudales -vinculados al modelo territorial medieval frente a los Estados Modernos representados por el Delfín- y un incipiente protestantismo. Entre los telones de fondo de la obra: la catedral de Reims -donde el Delfín fue coronado rey- y los castillos señoriales. Mientras, en Italia, ya se alzaban los primeros palacios renacentistas y, tan sólo catorce años después de la muerte de Juana de Arco, Trento trajo un cambio estético en arquitectura, escultura y pintura.

Ilustración de portada de Susana Narotzki correspondiente a la obra de G. Bernard Shaw, Santa Juana, (Madrid, Ed. Cátedra, 1985)

La España de Felipe II queda retratada por Kate O’Brien[5] en Esa Dama (1946), inspirada en hechos reales protagonizados por tres grandes figuras del siglo XVI español: Felipe II, la Princesa de Éboli y Antonio Pérez, secretario del rey. O’Brien nos sitúa en el Madrid de Felipe II -recién nombrada capital de España-, en sus paseos -algunos pensados por el mismo rey-, o en la Puerta del Sol como lugar de encuentro de los madrileños. La burocrática Corte descrita es clave para la contextualización de El Escorial. Su construcción, su complementariedad con el antiguo Alcázar y todo lo que simbolizaba en España y fuera de ella, son únicamente comprensibles a través del conocimiento de Felipe II y su concepción del Imperio y la Corona. La austeridad de los Austrias y el catolicismo del rey son decisivos para entender el Monasterio, el estilo escurialense y buena parte de la organización, espacios y recorridos del mismo.

Vista del Alcázar de Madrid alrededor de 1534 según Jan Cornelisz / Traslado de la Corte a Madrid por Felipe II (Dibujo de C. Mugica.)

Para datos más exactos y alguna que otra leyenda habría que acudir a Henry Kamen[6] y El enigma del Escorial. El sueño de un rey (Espasa, 2010)), donde, junto al análisis artístico e histórico del edificio, Kamen aborda también el simbólico, desmontando los mitos de la Leyenda Negra que han circulado sobre el edificio y sobre el mismo Felipe II.

Monasterio de El Escorial.  Fotografía: Turismo Madrid Consorcio Turístico (CC BY 2.0)

Tampoco podemos olvidar a Stefan Zweig[7], autor con vocación de ciudadano universal y  biógrafo capaz de adentrarse en la psicología de los personajes, lo cual es clave para entender la Historia. En María Antonieta (1932), entender a la reina de Francia es comprender el Absolutismo y el arte a él vinculado. Cuando Zweig nos explica el Absolutismo real a través de una mujer educada en la teoría del derecho divino del poder real – el soberano era elegido por Dios para gobernar, guiar y tutelar al pueblo-, se comprende que el trazado urbano del Versalles de Luis XIV, sus jardines, o la configuración arquitectónica del palacio, confluyan en la habitación del monarca a quien la Corte veía levantarse y acostarse al igual que al astro sol.

Obras de reconstrucción de Versalles en 1668. Pintado por Pierre Patel.

También de Zweig es su autobiografía El mundo de ayer (1942). Como protagonista de la historia hace un repaso económico, político, social, religioso y cultural de Europa desde finales del siglo XIX hasta poco antes de su muerte. Uno de los fenómenos más importantes artísticamente del siglo XX -la irrupción de las vanguardias- queda magistralmente explicado. La velocidad que el día a día adquirió a principios del siglo XX y el sentimiento de amargura y vacío junto con la necesidad de felicidad que se dispararon tras la I Guerra Mundial, supusieron un cambio social que, artísticamente, tuvo su manifestación en los movimientos vanguardistas. Las modas, el gusto por la vida sana -reflejada en el interés por el deporte y la vida al aire libre-, el cuestionamiento del sistema familiar tradicional, etc., quedan entrelazados por Zweig con un arte que quiso recoger estos cambios en unas nuevas formas radicalmente rupturistas y novedosas.

Stefan Zweig. Fotografía: Arquivo Nacional Collection (DP).

Se podrían recoger muchas obras más. Me resisto a no mencionar En el último azul (1995, Carme Riera), Ellos (2005, Francine Du Plessix Gray) o Momentos estelares de la Humanidad (1927, Zweig). Tal vez haya que darles su protagonismo más adelante. Lo que es importante es que seamos conscientes de la necesidad de hacer pequeñas cosas en grandes horizontes, porque cuánto mayores sean estos, más lejos llegaremos. Y ahora, tú, ¿qué vas a leer?


[1] Arnold, Hauser: Temesvár, 1892-Budapest, 1978. Ernst Gombrich: Viena, 1909-Londres, 2001. Ambos autores tuvieron muchos puntos en común: desde su nacimiento en el este de la Europa de principios del siglo XX, a unos orígenes judíos que marcarían parte de su biografía.

[2] Indro Montanelli: Fucecchio, 1909- Milán, 2001

[3]https://rubendelafuente.weebly.com/uploads/2/1/7/4/21740022/montanelli_indro_-_historia_de_los_griegos.pdf, pág. 10

[4] Bernard Shaw: Dublín, 1852- Ayot Saint Lawrence, Reino Unido, 1950. Contemporáneo de John Ruskin, William Morris o Phlipp Webb

[5] Kate O’Brien: Limerick, 1898-Canterbury, 1974. Novelista irlandesa universitaria y gran defensora de los derechos de las mujeres, lo que la define como una gran adelantada de su tiempo. Pasó una larga estancia en España como niñera, o que le sirvió para conocer nuestro país y desarrollar un profundo interés por su historia.

[6] Henry Kamen: Rangún, Birmania, 1936. Kamen es uno de los grandes hispanistas británicos actuales.

[7] Stefan Zweig: Viena, 1881- Petrópolis, 1942. Judío y austríaco, nacido en el cambio del siglo pasado, Zweig fue uno de los primeros europeístas de la historia. Concibió una Europa unida en razón de un pasado común histórico, religioso, cultural y artístico que debía materializarse en una organización sin fronteras. Esta visión parecía anunciar lo que hoy en día es la Unión Europea.

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