¿COPIAR ES DE INTELIGENTES?

«La obsesión de que no copien es un reflejo de una vieja pedagogía autoritaria. Si copian bien y lo interpretan inteligentemente es prueba de inteligencia»

Manuel Castells, Ministro de Universidades.

Toda nuestra vida es un continuo aprendizaje: comenzamos al nacer inconscientemente para poder sobrevivir; posteriomente incorporamos la curiosidad para ir dando paso -poco a poco- a un proceso cada vez más consciente. Con los años lo asumimos como necesario y entendemos o intuimos que hay un bien ulterior por el que se nos obliga a aprender. Y si, además, lo hacemos bien, rápidamente comprendemos que el aprendizaje comporta un esfuerzo, la adquisición de unos hábitos, la superación de unos “obstáculos”, y el manejo de ciertas frustraciones; como contrapartida, aprendemos que lo bien hecho tiene una recompensa que, generalmente y en el ámbito del estudio, es la nada despreciable satisfacción personal de superarse y mejorar. Llegados a la etapa universitaria se nos presupone entrenados en todo esto. Elegimos unos determinados estudios porque nos gustan y somos capaces de proyectarnos a un futuro en que nos vemos como buenos profesionales, trabajando, disfrutando de nuestro trabajo (y aprendiendo); con un criterio formado que nos permitirá tomar decisiones profesionales viables, óptimas o adecuadas.

Fuente: http://blog.tiching.com/ensenar-a-pensar-el-aprendizaje-del-futuro/

Un buen aprendizaje universitario debe afectar a tres ámbitos principales: el académico, la adquisición de un criterio –capacidad de realizar un juicio o discernimiento- y el crecimiento y desarrollo personal que lleven implícita la formación de futuros profesionales al servicio de la sociedad de una manera íntegra y ética.

El aprendizaje académico es clave para proporcionarnos la parte más básica del proceso de formación: el “contenido”. Supone la recepción de la información, su análisis, asimilación, y capacidad de aplicarla. Para ello es necesario un proceso de maduración que demanda una actitud activa a través del esfuerzo, la constancia y el manejo o adquisición de habilidades que permitan culminar el proceso de aprendizaje. Todo esto requiere de unos “tiempos” posiblemente más lentos de aquéllos a los que el alumno de hoy –que generalmente se mueve en la inmediatez- está acostumbrado. Lo que puede derivar en la frustración por no alcanzar la meta inmediatamente, sin entender que, precisamente, en el “camino” es donde se está produciendo el verdadero aprendizaje.

Fuente: https://www.aulaplaneta.com/2019/05/10/recursos-tic/mejora-la-formacion-de-tus-alumnos-con-analiticas-de-aprendizaje/

La inmediatez es enemiga de la maduración, factor indispensable en todo proceso de discernimiento, análisis, valoración y actuación, que es lo que se exige cuando se  ha de seguir un criterio. Un buen profesional necesita una base de conocimiento para poder analizar las opciones con las que cuenta antes de tomar una decisión. Con la carencia de auténticos conocimientos se hace muy difícil sopesar todos los factores que intervienen en las decisiones que, como profesionales, se han de tomar a lo largo de nuestra carrera.

Fuente: https://lladocomunicacion.com/2012/10/la-casa-del-lector-8-000-m2-dedicados-a-formar-criterio/

El tercer ámbito en el que la universidad ha de actuar es el más importante y al que menos atención se suele prestar: la formación (“hacer que algo empiece a existir”) y conformación (“dar forma”) del alumno como persona y como buen profesional que conoce su disciplina, tiene un criterio de actuación y, además, se comporta de una manera ética, es decir, conforme a unas normas que busquen el bien de la sociedad, estableciendo un equilibrio entre su propio desarrollo personal y profesional y el de los demás. Un camino nada fácil de recorrer, donde las fortalezas y habilidades adquiridas serán las que aseguren el mayor éxito que un profesional puede tener: el de la satisfacción personal de un trabajo bien hecho.

Ante los nuevos sistemas de evaluación marcados por el COVID, se publicaron en prensa unas declaraciones que planteaban la validez o no de copiar y la calificación de “inteligente” para el alumno que resolvía “adecuadamente” los exámenes mediante la copia. Establecido el objetivo y el proceso que conlleva un buen aprendizaje -tal y como se acaba de desarrollar en las líneas superiores- tales afirmaciones no pueden dejarnos indiferentes y han plantearnos una serie de preguntas: ¿Realmente es de inteligentes copiar? ¿Es de inteligentes “acortar” un proceso en favor de un resultado inmediato? ¿Es de inteligentes el engaño a uno mismo, a los compañeros o al mismo profesor, en donde damos prioridad a un resultado frente a nuestro comportamiento ético? ¿Es inteligente mostrarse ante los demás como no se es en realidad? ¿Es de inteligentes no ser capaces de enfrentarnos a nosotros mismos y a nuestras propias limitaciones? ¿Es de inteligentes no asumir que el proceso de maduración académica y personal no ha llegado todavía pero que, en cambio, se tiene la oportunidad de fortalecerse tomando conciencia de unas limitaciones circunstanciales para convertirlas en fortalezas en el proceso de autoexigencia que supone superarlas? Las trampas, la mentira o “el copiar” no son sino la falta de asunción de nuestras carencias, la negación de nuestra capacidad para superar aquello que nos limita renunciando al esfuerzo para conseguir ir más allá, autolimitándonos e incapacitándonos en nuestro proceso de superación y frente al desarrollo del amor propio y la confianza en nuestras propias posibilidades.

Copiar es engañar y autoengañarnos. Da igual la naturaleza del objeto de nuestra copia y la dimensión y relevancia del mismo. Es una falta de ética que revela la autojustificación de nuestras limitaciones, la falta de valentía para enfrentar el esfuerzo y a uno mismo. Todo ello aderezado con el resultado inmediato de un “éxito” que, posiblemente en un futuro, nos deje el regusto amargo  de nuestra propia insatisfacción interna.

Fuente:  http://jurisprudentes.es/la-falsedad-documental-no-es-ningun-juego/

En cuanto al docente, formemos y conformemos. Invirtamos en personas que un día tendrán en sus manos la responsabilidad –nada baladí- de hacer de nuestra sociedad una sociedad mejor. Impulsemos y potenciemos sus capacidades, acompañemos en los procesos de aprendizaje; pero, también en los de maduración. Tal vez sea más costoso, menos cómodo; tal vez nos exija el sobreesfuerzo de repensar y dar una vuelta de tuerca más a nuestras materias, a las nuevas formas de evaluar, de acompañar a nuestros alumnos. Puede resultar, incluso, a corto plazo, desalentador, porque también nos encontraremos con incomprensiones o teniendo que enseñar a encauzar y a manejar frustraciones; pero  no olvidemos que, al final del camino, contaremos siempre con la  satisfacción de haber sido parte activa del proceso de configuración de una persona cuyo éxito, seguro, estará en su valor personal.

One Comment

  1. Pedro José Galindo López Reply

    Totalmente con el artículo y, sobre todo, con la conclusión final de que copiar es engañar y autoengañarnos.

    Pero, tristemente, este artículo refleja lo que ocurre en todos los demás parcelas de la vida en la que lo único válido es la inmediatez, la prisa y el resultado al corto plazo.

    Gran artículo.

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